Mientras van creciendo, les decimos que son los más guapos y que lo hacen todo bien, evitamos que tengan que esforzarse por nada, así que les dejamos pasar cursos sin haber aprobado todas las asignaturas.
Les permitimos que entren y salgan a su antojo, procuramos que no les falte de nada, ni que piensen que las cosas hay que ganárselas y, hasta ahora, si iban a la discoteca y tenían suerte, cerraban la noche acostándose con alguien.
Y de pronto entran en el mundo de los adultos y, quizá, en la vida laboral, donde un jefe cretino les dice a la hora que tienen que entrar y salir, y, como no tienen formación para más, llevan una vida monótona y sin sentido.
Les pagaran un salario de 1000 euros que, ni les permite ahorrar ni comprarse una vivienda, así que seguirán en la pobreza de por vida y, cuando se quejen, alguien les dirá lo que no han sentido nunca; que se tendrían que haber esforzado más.
En la discoteca, ellos no se acercarán a ninguna mujer por si es muy feminista y acaban en el cuartelillo, y ellas pensaran que todos son violadores, pero al volver a casa se quejarán de que nadie les ha dicho lo guapas que iban.
Cuando se necesita más formación es cuando les educamos peor. Cuando tienen más para elegir, les quitamos la posibilidad de ganarse bien la vida. Y cuando hay más permisividad sexual, impedimos que ambos sexos se acerquen.
¿Les parece que no hay para perder la cabeza?


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