Mostrando entradas con la etiqueta Reforma electoral. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Reforma electoral. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de junio de 2023

Això és la democràcia? (catala)

Ens diuen i prediquen que votar és la festa de la democràcia, però després de cada elecció, els partits perdedors estan varies setmanes cuinant uns resultats que els han estat desfavorables, menystenint i burlant-se de la sobirania nacional.

Ara han repetit aquest mercadeig vergonyós amb les eleccions municipals, fins al punt de que la majoria dels ajuntaments no arriben a tenir d’alcalde al líder de la llista més votada, una presa de pel a la que anomenen cínicament “democràcia plena”.

Així hem acabat en mans de vividors, que ni hem triat ni ens representen, aprofitats que busquen a la política tenir un càrrec i un sou que en cap altre lloc podrien aconseguir.

Poden dir que és legal, però no poden negar que aquest funcionament fa que els ciutadans cada cop estiguin més allunyats de la política, es preguntin per a què serveix votar i pensin que els polítics són el problema i no la solució.

Seria molt fàcil canviar el sistema per fer que la sobirania popular fos una realitat, n’hi hauria prou amb implantar la doble volta electoral, a l’estil francès, evitant que vagin a la segona volta els partits que no aconsegueixin un 10 o un 12% de vots.

Això faria que els pactes entre partits es fessin per ideologia no per fer fora al guanyador, s’aconseguirien ajuntaments forts amb major representativitat, i a més el mateix dia de la segona vota se sabria de manera automàtica qui són tots els alcaldes.

Seria senzill d’implantar, tornaria la confiança en la democràcia, respectaria la decisió dels ciutadans i ens estalviaria assistir al xantatge indecent de partits que l’electorat ha dit que no vol a les institucions.


domingo, 11 de noviembre de 2012

La reforma electoral (5): Pagar bien a los políticos

La última propuesta que haré para reformar el sistema electoral es, quizá, la más controvertida, la más difícil de explicar, ya que no es nada teórica como las anteriores, sino mucho más práctica y prosaica puesto que se trata de los bajos sueldos que pagamos a los políticos.

Ya sé que esto le parecerá una herejía a aquellos que piensan en “la casta” y en que los políticos se dedican a velar por sus propios bolsillos, pero eso no es cierto, la gran mayoría son personas honradas, que creen honestamente en lo que hacen y que se merecen todo nuestro respecto, también desde el punto de vista económico. 


Los sueldos bajos, pese a ser muy llamativos y populistas, nos están saliendo por un ojo de la cara, porque la única cosa que hacen es alejar todavía más a los buenos profesionales, aquellos que realmente están capacitados para desarrollar tareas de la complejidad que supone sacar un país adelante. La gente puede ser tan idealista y romántica como queramos, pero al final todos trabajamos para ganarnos la vida. Y sin los buenos profesionales, ¿qué nos queda? Pues los profesionales de la política que los aparatos de los partidos nos quieran poner y que seran más fieles a unas siglas que al país mismo.  

El resultado es que para ahorrarnos cuatro céntimos les damos cargos de altísima responsabilidad a unas personas que se gastan miles de millones de euros en aeropuertos sin aviones, líneas de AVE sin pasajeros, hospitales sin pacientes y que reparten dineros y cargos, hipotecando  nuestro futuro y el de nuestros hijos.
  
¿Pero nos podemos extrañar de que sea así? Muchos de ellos no han estado formados en los criterios de eficacia y eficiencia, no saben que para hacer una obra se necesita un proyecto funcional y un plan de viabilidad, ni han gestionado una cuenta de explotación, ya que ese no ha sido nunca su trabajo. Ellos siempre se han dedicado a captar votos, a buscar la foto en los periódicos, a salir en las noticias y eso lo han hecho bien. Cada vez que han cortado la cinta de una nueva estación de AVE o de un aeropuerto, han tenido la foto, aunque la imagen nos haya costado centenares de millones de euros, que la línea de AVE se haya cerrado a los pocos meses o que el aeropuerto no sirva para nada. 

La reforma electoral (4): La fecha de las elecciones


La cuarta de las propuestas para la reforma electoral es la fecha de las elecciones, que muchos pensaran que es un tema menor en la responsabilidad de la actual degradación de la vida política española y catalana, pero creo que se trata de un tema conceptual y que hay que tener en cuenta. 

¿Cuando tenemos elecciones en España o en Cataluña? Nadie lo sabe, porqué cada presidente de gobierno central o autonómico las convoca cuando le va bien o, lo que es lo mismo, cuando las encuestas le dan más ventajas o menos desventajas. De esta manera no es raro que no se acaben las legislaturas, sino que se acorten, según los intereses particulares de una persona o de un  partido.

Ello impide que la clase política haga su trabajo con calma, ya que la hipótesis de adelanto electoral les obliga a tener la maquinaria siempre a punto. Recordemos que el primer año de legislatura es para tomar contacto con la situación y que el último es para preparar la próxima campaña, por tanto solo quedan los dos años del medio para trabajar de verdad en los proyectos del país y, si empiezan pronto los rumores de elecciones anticipadas, el parón de todo es inevitable y eso no nos lo podemos permitir.

No todos los países tienen este sistema. Es bien sabido que en los Estados Unidos las elecciones tienen lugar cada cuatro años y que la fecha es el primer martes, después del primer lunes, del mes de noviembre del año que toca. Tan simple, sencillo y clarificador que todo el mundo sabe qué ha de hacer de cara a aquella fecha concreta, tanto los que están en el gobierno como los de la oposición.

Ni el presidente tiene capacidad para cambiar la fecha, un hecho que nos puede parecer banal, pero que indica claramente que aquella democracia está por encima de todo y de cualquiera. En ningún caso se da la imagen de que sin “el líder”, el país se quede huérfano y desamparado. Pese a tener un régimen presidencialista, ocupado por el hombre más poderoso del mundo, la democracia no está rendida a sus manos, ni es un juguete de sus intereses. En ningún momento parece que dependan de una persona para sobrevivir, ja que la democracia es mucho más y está por encima de todo el mundo, por más importante que sea.

La reforma electoral (3): Limitar el número de legislaturas

La tercera propuesta para reformar el sistema electoral es limitar el número de legislaturas que se puede ostentar un cargo de máxima responsabilidad. Tenemos políticos que llevan más de 20 años en el cargo (cinco o más legislaturas), un hecho que pasa en pocos lugares  civilizados.  

El actual sistema resulta muy cómodo para los aparatos de los partidos que, si encuentran un político de nivel, con carisma, discurso, iniciativa y ganas, que además gane elecciones, en definitiva lo que podríamos llamar un valor seguro, no se han de preocupar de buscar ni preparar ningún otro candidato y se pueden limitar a ir presentando siempre al mismo. Pero este es uno de los elementos más perversos y que ha hecho más daño a la imagen de los políticos del país, ahora tan deteriorada.

En primer lugar porque el político valor segur tiene la garantía de poder continuar mientas el cuerpo aguante y como es natural hace todo lo posible para evitar candidatos alternativos. Por eso hace años que, en vez de atraer profesionales hacia la política, hemos creado verdaderos profesionales de la política, que han hecho carrera únicamente dentro de un partido, hasta llegar a unos cargos a los que no podrían ni soñar fuera de la política ni en un país con un sistema electoral más competitivo.

Por otra parte permite a los partidos relajarse durante años, sin tener que buscar ni candidatos ni alternativas. Eso les empobrece desde todos los puntos de vista y quedan convertidos en simples órganos burocráticos al servicio, no de una candidatura, sino de un cabeza de lista. El debate interno, sobre nuevas propuestas o nuevas ideas, desaparece para convertirse en un monólogo complaciente. Sin autocrítica se para el crecimiento y el proyecto se aleja de la realidad social a la que pretende representar hasta que finalmente, el día que pierden las elecciones o falta el líder, no sólo pierden la única carta ganadora que tenían, sino que se hallan sin recambio, sin alternativas, sin discurso, sin ideas y sin propuestas.

Por dignidad democrática los militantes y los electores nos merecemos saber que tenemos partidos fuertes y con liderazgos potentes, pero por encima de todo nos merecemos saber que los partidos no dependen de una única persona, necesitamos saber que hay cantera suficiente, bien formada, preparada y dispuesta, si hace falta, y la mejor manera de garantizarlo es que el sistema electoral obligue a los cambios periódicos de candidatos.

La reforma electoral (2): Listas abiertas

La segunda propuesta para reformar nuestro sistema electoral es cambiar las listas cerradas por listas abiertas. Las cerradas implica que a los candidatos no los eligen los ciudadanos, sino al aparato del partido, o sea que son escogidos por un grupo reducido de persones afines a unas siglas. 
 
Como es natural las motivaciones que tiene el electorado y las que tienen los grupos que confeccionan las listas no siempre son coincidentes. Mientas los primeros quieren saber quien es su parlamentario, conocerlo, hablar con él y saber como piensa defender los intereses del territorio que representa; los segundos lo que quieren es alguien que les sea fieles a ellos y al partido.

Estas dos posturas condicionan completamente la actuación del candidato en caso de ser elegido. Si fuera escogido directamente por los electores de su circunscripción se debería a las personas que le han votado, a los que procuraría conocer personalmente, saber sus preocupaciones, problemas i conflictos sociales, las tasas de paro, etc, y necesariamente tendría que trabajar para intentar resolverlos ya que en caso contrario les electores no le volverían a votar. 


Pero como quien le ha puesto en la lista es el aparato del partido, se debe a ellos, que le han ofrecido una oportunidad a la que no se puede acceder de ninguna otra forma. Ciertamente eso es una gran ventaja para el candidato que la única cosa que ha de hacer es aprenderse los eslóganes y titulares que le faciliten desde su partido i decir amen a todo lo que proponga su cabeza de lista, con quien está comprometido en virtud de la “disciplina de voto”. Si lo hace así tendrá un lugar asegurado en las próximas elecciones; en caso contrario no tiene ninguna posibilidad de volver a repetir.

Podemos entender como actuará el candidato ya que no son mártires ni les hemos contratado para serlo, el problema es que este funcionamiento no es la mejor manera de atraer personas con ideas propias, mentes innovadoras o profesionales competentes y con experiencia a trabajar para el país.

Por más que de vez en cuando los partidos hablen de cambios en la ley electoral y de hacer listas abiertas, la pura verdad es que no tienen ningunas ganas de hacerlo porque si fuera así lo habrían hecho, al menos en las elecciones municipales, donde todo el mundo, incluidos los mismos políticos, aseguran que el electorado vota a las personas y no a los partidos. 

La reforma electoral (1): Doble vuelta

Volvemos a estar en campaña electoral, ¡un vez más! De nuevo los candidatos nos hablaran del programa y de las propuestas de gobierno, pero hay una cosa de la que no hablará ninguno de ellos: de la necesidad de la reforma electoral, por eso yo me propongo hacerlo, mostrando la ineficiencia del actual sistema y proponiendo alternativas para modificarlo.


Nuestras elecciones se deciden a una sola vuelta, lo que supone que no hay revalida o segunda vuelta como hacen los franceses, donde, si no se saca mayoría absoluta a la primera, pueden acceder a la segunda sólo los partidos que han tenido más de un porcentaje de votos (12’5%). 


Uno de los problemas de la vuelta única, es que no permite hacer nada a los electores, más que votar un día y después callar durante cuatro años, pero la gent se siente defraudada por los políticos, a los que ve hacer pactos que no respetan los resultados electorales, argumentando que es legal, sin plantearse si es también moral. Les ve administrar los dineros de todos hasta gastarse los cuartos de las futuras generaciones, con una alegría que estremece y además les ve gestionar como si fueran caciques, metiéndose en todas partes, poniendo y quitando cargos por razones partidistas, al margen de su importancia y de la idoneidad del implicado

La gente se da cuenta de que no son serios, y en cambio cuando se acercan las elecciones, esos mismos políticos se ponen transcendentales y quieren que el electorado sea serio, consecuente, responsable, racional y que haga un uso útil del voto. La gente está cansada, con toda la razón, y tiene derecho a poder mostrar su enojo de una manera u otra en el momento de emitir el voto y la doble vuelta podría ser una forma de advertir a los partidos que van por mal camino.

El problema es que en España y en Catalunya, el enojo se traduce en la presencia en los parlamentos de muchos partidos de los que en Francia habrían desaparecido del mapa electoral, por tener menos de un 10% de los sufragios. En nuestro caso no solo entran al hemiciclo sino que probablemente, por obra de los pactos electorales, acaben teniendo responsabilidades de gobierno, lo cual les otorga un papel que nunca habrían de tener en virtud de su representación real, en perjuicio de los partidos ganadores y en consecuencia de la voluntad mayoritaria expresada por el pueblo.