lunes, 5 de enero de 2026

Sobre constructos sociales (castellano)

Hemos llevado tan lejos el derecho de que cada cual sea lo que quiera, que cualquiera puede decidir su sexo según su deseo y hay padres que medican a sus hijos de 5 años si se sienten incómodos con su sexo biológico.

Ahora resulta que los cromosomas, los órganos sexuales, las hormonas, la capacidad de engendrar vida y amamantar, tienen menos relevancia que el capricho más o menos efímero de sentirse en cuerpo ajeno.

Estoy de acuerdo en que cada cual debe tratar de ser lo que quiera en la vida, pero también sé que de buenas intenciones el infierno está lleno, como dice la sabiduría popular.

Que haya algún niño que se sienta incómodo con su sexo es normal, pero que en una misma escuela haya más de 20 niños en esa situación indica que algo no va bien.


Que un señor con barba diga que se siente mujer y se le permita competir con estas en cualquier deporte, llevándose las medallas que no puede ganar frente a otros hombres, indica claramente que nos hemos pasado de rosca.

Pero es que ya no se trata solo del sexo, sino que cada vez hay más gente que se sienten gatos, perros o caballos. ¿Por esa misma regla de tres, hay que tratarlos, alimentarlos y cuidarlos como a tales animales?

Si este es el rumbo que han tomado los nuevos tiempos, y de nada sirve oponerse, en mi próxima renovación del DNI me cambiaré el sexo burocrático dadas las ventajas actuales de ser mujer.

Pero lo que más me preocupa son los niños, porque mi nieto dice que quiere ser pirata, pero, aunque los “progres” me acusen de coaccionarle, ni le cortarle una pierna ni le sacaré un ojo, solo esperaré a que quiera ser bombero o astronauta.


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