Al final le he hecho caso a mi amigo Mohamed, que me decía que me viniera a España. Ahora estoy en un centro de acogida de menores, viviendo a cuerpo de rey porque me han creído cuando les he dicho que tenía 15 años.
No tengo papeles, ni trabajo, pero lo que me preocupa es no tener casa, así que he okupado la de una familia que salió de vacaciones. Con el recibo de una pizza de 15 euros, tengo la casa para mí, según las leyes españolas.
Mohamed me ha empadronado en una vivienda donde estamos apuntados 35, aunque ninguno viva allí, pero, como aquí nadie mira nada, y la ley está de nuestra parte, me siento seguro.
Quería ir a buscar trabajo, pero un amigo me ha llevado a una oficina donde me han tramitado una paga mucho mayor de lo que cobraría en África, así que ya no necesito trabajo alguno.
Hace tanto tiempo que no estaba con ninguna mujer que he seguido a una y la he forzado, con tan mala suerte que me ha cogido la policía por los gritos que daba.
Me han llevado ante el juez, que ha sido muy comprensivo y se ha hecho cargo de que el trato a las mujeres en mi país es distinto del de aquí, así que me ha condenado a seguir unas clases para aprender a tratarlas.
Estoy contento, el gobierno de España ha regularizado mi situación, porque llevo aquí 5 meses y unos días. Ahora ya tengo los mismos derechos que los españoles que han trabajado y cotizado toda su vida.
Solo me hago dos preguntas: la primera, ¿España es consciente de que todo esto acabará llevándola a la ruina?, y segunda, ¿cómo es que los españoles lo permiten?


No hay comentarios:
Publicar un comentario