Fue una época negra, donde la superstición y el fanatismo impidieron el avance de la razón.
Quién se atrevía a hacer preguntas, estaba cuestionando la voluntad de Dios, así que se le etiquetaba de blasfemo y se le quemaba vivo.
Pues bien, a veces creo que hemos vuelto a aquella época. Concretamente ahora, cuando España quema por los cuatro costados y el presidente Sánchez propone (una vez más) un pacto contra el cambio climático.
Perdónenme, pero creo que esa es la mejor manera para no tener que hacer nada contra los fuegos, porque, ¿qué se le va a hacer si el cambio climático es el equivalente al castigo divino de hace unos siglos?
¿Para qué vamos a buscar a los pirómanos y cambiar el código penal para incrementar sus condenas, si el cambio climático avanzará inexorablemente?
¿Para qué obligar a limpiar los bosques, buscar vertederos ilegales, hacer cortafuegos o revisar las torres del tendido eléctrico, si el cambio climático está fuera de nuestro control?
¿Para qué invertir en recursos? El cambio climático no se va a detener, así que podemos seguir echando a la mitad de los bomberos durante el invierno.
Y vayamos a las soluciones de la era precientífica. Si tenemos cambio climático es porque hemos sido malos a los ojos de Dios.
Debemos apagar los aparatos de aire acondicionado, porque los castigos divinos se purgan haciendo penitencia y, el cambio climático se arreglará si nosotros sudamos a chorro en los comedores de nuestras casas.
Y a quienes no digan “amén”, no les llamaremos blasfemos sino negacionistas. ¡¡Lástima que ya no se les pueda quemar en una hoguera!!


No hay comentarios:
Publicar un comentario