Confieso que
nunca he creído demasiado en las teorías conspirativas, sobre todo en un país
como este, que no se caracteriza por los grandes estrategas de largo recorrido,
sino por políticos mediocres y agradecidos de ser nombrados a dedo, que no ven
más allá de su nariz.
Por eso no hice
caso a los primeros tweets, incluidos algunos del PP, que apuntaban a que la
Generalitat había puesto en peligro la vida de los catalanes con la declaración
de independencia.
La alarma llegó
con la publicación, por parte de la revista Interviú (núm. 2.168, del 13 al 19
de noviembre), del artículo “El plan de asalto al Parlament”, que dejaba claras las intenciones del Estado de tomar por la
fuerza aquel edificio costara lo que costara.
Eso entroncaba
con lo declarado unos días antes, por Alfonso Guerra, asegurando que no se
debía descartar enviar el ejército a Catalunya y de la ministra DeCospedal al recordar que el papel de las
Fuerzas Armadas era la defensa de la unidad nacional.
Después vinieron
las declaraciones de Marta Rovira y de otros dirigentes catalanes, en el
sentido de que el Estado había amenazado con sangre y muertos en la calle, que generaron
la indignación estatal y fueron inmediatamente desmentidas por Rajoy, Méndez de
Vigo y el CNI.
El mismo CNI que,
tres meses después del atentado en las Ramblas, del 17 de agosto, ha acabado confesando,
porque ya no podía ocultarlo más, que el imán de Ripoll que planificó, diseñó y
preparó el atentado de la Ciudad Condal era un confidente suyo.
Esta revelación sobre
el atentado pone en entredicho algunas cosas, como las palabras del ex ministro
García Margallo cuando, en el mes de julio, anunciaba que “a partir de la segunda quincena de agosto empezaran a pasar cosas en
Cataluña” y que aún no han sido aclaradas.
El coronel Amadeo Martínez Inglés se manifestó de uniforme contra la guerra de Irak |
Pero hoy recibo
por las redes sociales el artículo “Los muertos en la calle y la guerra psicológica (1ª parte)” de Amadeo Martínez
Inglés, un ex coronel expulsado del Ejército español por el grave delito de
pensar y tener razón, que ahora es historiador militar y escritor, y confirma
no solo las amenazas, sino también la guerra psicológica desde meses antes del
1-O.
Con todo ello uno
empieza a dudar si no habrá algo de cierto, porque el Estado español ya ha
practicado la guerra sucia con anterioridad, al crear los GAL, que según Martínez
Inglés nacieron en 1983 porque en 1978 el presidente Suárez descartó tal
iniciativa, por todo ello aquel autor no duda en calificar de crímenes de estado los
28 asesinatos que cometieron.
Y si eso fuera
verdad, uno también se pregunta si algún experto no debería estudiar si es estadísticamente
significativo que hayan muerto casi 20 personas vinculadas a la trama Gurtel de
corrupción, para no encontrarse con sorpresas desagradables en el futuro.
¡¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!!
¡¡¡LIBERTAD PRESOS POLÍTICOS!!!
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